/luis_e_portillo-hr6YDz

Tres preguntas para reencontrar el rumbo

A veces sentir que perdiste el rumbo no es algo malo. Es simplemente una invitación a frenar. Y cuando esto me pasa a mí, dejo de buscar respuestas afuera y me hago estas tres preguntas.

La primera: ¿Qué emoción estoy intentando callar porque me incomoda sentirla? A veces esa es la llave para entender qué te pasa. Reconocer aquello que evitamos suele ser el primer paso para soltar lo que nos pesa.

La segunda: ¿Estoy tomando esta decisión desde el miedo o desde el amor que me tengo? Porque ahí cambia todo. La raíz desde la que actuamos define no solo el resultado, sino cómo nos sentimos en el proceso.

Y la tercera: ¿Qué necesito hoy para volver a sentirme un poquito más cerca de mí? Porque reencontrar el rumbo no es saber exactamente hacia dónde ir, sino aprender a escucharte a vos mismo.

Comentarios

Aún no hay comentarios. Empieza la conversación.